Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. (Juan 9:10)
En Juan 9:10, el hombre ciego de nacimiento es confrontado por la gente sobre su milagrosa curación por Jesús; él explica que Jesús hizo lodo, ungió sus ojos y le dijo que se lavara en el estanque de Siloé, y al hacerlo, recibió la vista, demostrando que la verdad de su experiencia no es si es pecador o no, sino el poder de Jesús para sanar y revelar la obra de Dios.
Contexto:
- La pregunta de la gente: Los vecinos, al ver al hombre que mendigaba y ahora veía, le preguntan "¿Cómo te fueron abiertos los ojos?".
- La respuesta del ciego: Él explica el proceso: Jesús hizo lodo (barro con saliva), le untó los ojos y le dijo que fuera a Siloé a lavarse. Al obedecer, recuperó la vista.
- La incredulidad y el cuestionamiento: La gente insiste, preguntando "¿Dónde está él?", buscando entender de dónde viene este poder, pero el hombre simplemente dice que no sabe.
- La afirmación central: El ciego responde a sus preguntas insistentes con la frase clave: "Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo" (Juan 9:25), centrando la discusión en el resultado observable y el poder de Jesús, no en especulaciones sobre el pecado.
Significado:
- Testimonio de fe: El ciego se convierte en un testigo fiel de la obra de Jesús, enfatizando lo que experimentó personalmente.
- Contrastre con la incredulidad: Su testimonio choca con la negativa de los fariseos y la gente religiosa a reconocer la obra divina de Jesús, quienes no pueden entender que Dios actúe de esa manera.
- La Luz del Mundo: Este evento demuestra la afirmación de Jesús de ser la "Luz del Mundo", capaz de iluminar y sanar la ceguera física y espiritual.

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